Mucha gente piensa que la psicoterapia consiste en contar las penas y calamidades para desahogarse. Nada más lejos de la realidad. La psicoterapia ha de ser un proceso activo para la persona que sufre el problema y busca ayuda. Por este motivo, muchos psicólogos preferimos utilizar el término cliente en lugar de paciente, ya que la connotación pasiva de este último, tan utilizado en medicina como persona que recibe un tratamiento, puede llevar a confusión.Esto es así, porque:
El psicoterapeuta es un experto en analizar cómo empezó el problema, qué contribuye a que se mantenga, así como, qué técnicas y estrategias son las más indicadas para superarlo.
El cliente puede abrirse a dar la información al psicoterapeuta, de forma libre y sin cortapisas, mientras que con las personas cercanas, a menudo hay algún aspecto de esa información
que es preferible ocultar o disfrazar. Así, puede confiar en un profesional neutral, que va a entenderle sin juzgarle, sin sorprenderse le cuente lo que le cuente, puesto que habrá visto anteriormente problemas similares y además, sujeto a un Código Deontológico que garantizará su confidencialidad.

El psicoterapeuta recoge la información con una utilidad mayor que cualquier persona próxima al cliente, ya que lo hace de forma aséptica, sin el filtrado de los prejuicios y con el único objetivo de extraer aquello que es relevante para la terapia.
establece, está más preparado para escuchar y aceptar las explicaciones por muy desagradables que sean, porque a diferencia de los consejos de sus conocidos, sabe que es una explicación que se basa en un análisis riguroso y destinada a propiciar un cambio positivo y real.
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