viernes, 2 de mayo de 2008

¿Qué es la Terapia Cognitivo-Conductual?

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. Benjamin Franklin, filósofo, político y científico estadounidense.
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Si queremos hacer una definición corta que quede recogida en una sola frase, podríamos afirmar que la Terapia Psicológica Cognitivo-Conductual, consiste en:

Un entrenamiento dirigido por el psicólogo, que es un experto en cómo aprender y desaprender, para que el cliente pueda desaprender conductas que le producen malestar y aprender otras que propiciarán bienestar.
Quizás sea interesante que me explique un poco más. Efectivamente, el psicólogo cognitivo-conductual es un experto en aprendizaje. Es un científico que domina las leyes del aprendizaje. Como vamos a ver más adelante, nuestro bienestar emocional o por el contrario, nuestros problemas emocionales, aunque modulados por factores genéticos y biológicos, son fruto del aprendizaje.



Igual que existen leyes de la física, existen las leyes del aprendizaje. Una ley de la física muy conocida es la Ley de la gravedad. Por ella sabemos que todo objeto tiende a caer hacia la tierra y si fuéramos científicos expertos en física, podríamos calcular cómo es la caída de ese objeto según su peso, la altura en la que se encuentra, su forma... etc.



Pues aunque la gente lo conoce menos, existen otras leyes científicas que nos ayudan a entender y a predecir, el comportamiento de los seres humanos. Son las leyes del aprendizaje. Gracias a ellas podemos deducir cómo se han originado nuestros problemas emocionales y qué factores están contribuyendo a que, lejos de desaparecer, tiendan a mantenerse y en muchos casos a evolucionar de forma negativa.

De todos es sabido que no existe persona igual en el mundo. Pues bien, cada uno de nosotros, somos lo que somos, por la peculiar combinación entre nuestras características biológicas (es decir, nuestra genética, nuestra complexión, cómo funcionan nuestros diferentes órganos...) y las experiencias que hemos ido encontrando momento a momento. De cada pequeña o gran experiencia, hemos ido aprendiendo nuestra forma de funcionar en la vida. Quizás, a estas alturas, te estés preguntando: ¿Qué tiene que ver el aprendizaje en todo esto? Si es así, razón no te falta.




El aprendizaje es el “quid de la cuestión”, lo que ocurre es que en el lenguaje cotidiano de la calle, el concepto de aprendizaje tiene un uso mucho más reducido del significado real. Por aprendizaje, debemos entender no sólo aquellos contenidos que alguien memoriza cuando se esfuerza de forma activa. Gran parte de lo que aprendemos, ocurre de forma automática sin hacer un esfuerzo especial por aprenderlo.


Aprendemos la forma en que miramos, que es distinta según a quién dirijamos esa mirada y cuál sea el propósito de la misma. Igualmente la forma en la que hablamos y nos expresamos ante distintas personas y circunstancias, nuestra particular forma de andar, de movernos, nuestras preferencias, aficiones... la lista es muy amplia. Casi, casi, interminable. Utilizo la expresión aprendemos en presente, ya que si bien en su día, en la infancia, aprendimos muchas de estas conductas, ante cada experiencia nueva, realizamos pequeños ajustes, a los que no solemos prestar atención y que son debidos, como no, al aprendizaje.



En conclusión, aprendemos cosas muy útiles y beneficiosas para nuestra vida, pero también aprendemos reacciones emocionales que nos perjudican y que pueden ser dolorosas.
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En la Terapia o Psicoterapia Cognitivo-Conductual, gracias a los conocimientos de las leyes del aprendizaje, el terapeuta a modo de entrenador, va guiando al cliente en la recogida de la información relevante. Al tiempo, va ordenando y estructurando las piezas de esa información, para poder formular una hipótesis respecto al cómo se ha originado el problema, qué está manteniendo el problema y qué estrategias servirán para superarlo. Como en todo entrenamiento, la implicación de quien es entrenado, es fundamental para que resulte eficaz. El cliente debe participar de forma activa transmitiendo información, reflexionando acerca de la hipótesis que le explique el terapeuta y realizando todas aquellas actividades que son técnicas y estrategias destinadas a desaprender conductas relacionadas con el problema y a aprender conductas que propicien el bienestar.

jueves, 1 de mayo de 2008

¿Porqué contarle mis problemas a un extraño?

Mucha gente piensa que la psicoterapia consiste en contar las penas y calamidades para desahogarse. Nada más lejos de la realidad. La psicoterapia ha de ser un proceso activo para la persona que sufre el problema y busca ayuda. Por este motivo, muchos psicólogos preferimos utilizar el término cliente en lugar de paciente, ya que la connotación pasiva de este último, tan utilizado en medicina como persona que recibe un tratamiento, puede llevar a confusión.

Entre psicoterapeuta y cliente, se establece una relación diferente a la que puede existir con otra persona.

Esto es así, porque:


El psicoterapeuta es un experto en analizar cómo empezó el problema, qué contribuye a que se mantenga, así como, qué técnicas y estrategias son las más indicadas para superarlo.




El cliente puede abrirse a dar la información al psicoterapeuta, de forma libre y sin cortapisas, mientras que con las personas cercanas, a menudo hay algún aspecto de esa información que es preferible ocultar o disfrazar. Así, puede confiar en un profesional neutral, que va a entenderle sin juzgarle, sin sorprenderse le cuente lo que le cuente, puesto que habrá visto anteriormente problemas similares y además, sujeto a un Código Deontológico que garantizará su confidencialidad.




El psicoterapeuta recoge la información con una utilidad mayor que cualquier persona próxima al cliente, ya que lo hace de forma aséptica, sin el filtrado de los prejuicios y con el único objetivo de extraer aquello que es relevante para la terapia.
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El cliente, debido a la relación de confianza que se establece, está más preparado para escuchar y aceptar las explicaciones por muy desagradables que sean, porque a diferencia de los consejos de sus conocidos, sabe que es una explicación que se basa en un análisis riguroso y destinada a propiciar un cambio positivo y real.


lunes, 14 de abril de 2008

¿Necesito ir al psicólogo?

Vivimos en una sociedad consumista. Nadie lo discute. Nos desenvolvemos en un entorno que cada vez nos crea más necesidades. Ser feliz ha pasado de ser una meta ilusionante, a ser una necesidad imperiosa que tienes que conseguir ¡YA!, ¡AHORA MISMO! No te preocupes si esta expectativa tan irreal te genera angustia. Tienes infinidad de productos y servicios a tu alcance, para crearte el espejismo de que lo puedes conseguir.

¿Es el psicólogo uno de esos productos milagrosos que se están poniendo de moda? Posiblemente para algunas personas sí. Sin embargo, a esta nueva tendencia emergente, se contrapone una tradición con más peso. Algo que viene de mucho más atrás, consistente en la devaluación de la psicología respecto a la medicina, o la consideración de que quien acude a una consulta psicológica, está gravemente aquejado de un trastorno mental. Vamos, en términos coloquiales, que está loco. Todavía, existe mucha gente con grandes resistencias a acudir a la consulta del psicólogo, por estas creencias. Aunque lo cierto es que, hoy por hoy, es mayor el número de gente reacia que podría beneficiarse de acudir al psicólogo que lo contrario.

Todas las personas resolvemos momento a momento, día a día, situaciones complicadas o molestas. No necesariamente por ello será un requisito imprescindible solicitar la ayuda de un psicólogo. La necesidad es diferente para cada individuo.

Afortunadamente, la naturaleza y experiencias vitales han hecho que cada uno de nosotros tengamos una particular forma de disfrutar de las cosas y de afrontar las situaciones. No se trata de ser mejor ni peor, simplemente diferente. El mundo sería terriblemente aburrido si todos estuviéramos cortados por el mismo patrón. ¿No crees?

Veamos un ejemplo con dos amigos: Pedro y Juan.

Pedro y Juan son adolescentes. Han suspendido en Literatura el último trimestre por motivos diferentes. El examen consistía en realizar una exposición en público de un trabajo de clase. Pedro, es terriblemente tímido y se bloquea en el momento de la exposición. Juan, sin embargo, es desinhibido e impulsivo. Su exposición está sembrada de errores debidos a su precipitación y falta de planificación. A Pedro, le encantaría tener un poco de la desinhibición de Juan. A Juan, cómo no, le vendría muy bien ser un poco más prudente, cualidad que le sobra a su amigo Pedro.

¿Alguno de ellos necesita un psicólogo? Cualquiera de los dos, podría verse beneficiado de la orientación profesional de un psicólogo, pero también es muy posible que consigan superar sus dificultades sólo con su esfuerzo personal y el apoyo de los recursos del entorno (amigos, familia...).

Entonces, ¿cómo sé si necesito un psicólogo?

Ante dificultades importantes, siempre te puede ayudar el asesoramiento profesional de un psicólogo, aunque en este caso, no hablaríamos de necesidad.


La necesidad de tratamiento psicológico es clara si:

- A menudo tienes emociones desagradables e intensas, como tristeza, ansiedad o enfado, que no consigues eliminar (aunque a veces puedas poner algún parche).

- La vida que te gustaría vivir está muy lejos de la que vives realmente y aparentemente, no se pueden cambiar las cosas o no sabes por dónde empezar.

- Tus relaciones personales son difíciles o poco satisfactorias.

- Necesitas mejorar alguna de tus habilidades (por ejemplo: hablar en público si eres profesor/a, manejar la comunicación con los niños si eres padre/madre... etc).
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“No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices”.
Robert Louis Stevenson, escritor escocés.
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¿Por qué Psico- Ayuda?

Porque a veces nos cuesta explicar lo que sentimos y no sabemos cómo, dónde o a quién pedir ayuda.

Porque en ocasiones no vemos cómo superar nuestras dificultades y necesitamos un punto de vista imparcial y libre de prejuicios que nos ayude a aclarar nuestra mente.

Porque hay situaciones en las que necesitamos un impulso para motivarnos y perseguir nuestras metas.

Porque a cualquiera de nosotros le puede ocurrir algún acontecimiento que trastoque sus emociones.

Porque nuestras relaciones sociales y afectivas, no siempre son como nos gustaría que fueran

Porque, ya sea por temor o por autoexigencia, muchas veces nos imponemos diferentes caretas que, lejos darnos una solución, lo único que consiguen es que nos veamos abocados en un estado de continuo autoengaño.



Ante estas situaciones, la psicoterapia te puede ayudar.


Como ya te explicaré más adelante, Psico-Ayuda se encuadra en la escuela de psicoterapia Cognitivo-Conductual. Te ofrece una ayuda eficaz , ya que su metodología está basada en la investigación y sus resultados, han sido contrastados mediante el método científico.